Inauguration of the Multipurpose Building in Guachinguero

Casa uso múltiple en Guachinguero

Compilado por Margarita Fuerez

La parroquia rural San José de Quichinche es la más grande del cantón Otavalo, tanto por el número de comunidades que tiene como por ser la Parroquia con más extensión de territorio por lo cual las comunidades se encuentran muy dispersas.

Dentro de la parroquia encontramos la comunidad de Guachinguero a 16 kilómetros de la ciudad de Otavalo. En la comunidad viven aproximadamente 388 habitantes. Por lo general los hombres de esta comunidad se dedican a trabajar en construcciones como albañil. Para conseguir trabajo salen de la comunidad y viajan a las ciudades como Otavalo, Ibarra y Quito, ya que los pagos son buenos, retornan a sus hogares los fines de semanas o al mes. Generalmente las mujeres se quedan en el hogar cuidando a los hijos y en sus tiempos libres hacen pulseras, tejidos a mano o fabrican atrapa sueños.

Debido a la distancia de la comunidad desde Otavalo, hay muy pocos turnos de buses a Guachinguero y la gente se tiene que organizar para pagar viajes en camionetas si tienen que salir a hacer algo en Otavalo.

La comunidad tiene una escuelita que a la que asisten los niños de la misma comunidad y para llegar a sus clases deben caminar de uno a dos kilómetros. La escuela cuenta con 60 alumnos y cuatro profesores de los cuales una profesora es de la misma comunidad y es apoyada por la Fundación Tandana para cuidar a los niños más pequeños.

Conversamos con Ramiro Tuquerres, Presidente de la Comunidad de Guachinguero, y él nos comenta como se realizó este proyecto comunitario en su comunidad que se está inaugurando hoy día:

La ceremonia tradicional que hacemos cuando terminamos de construir

Cada dirigente de turno pensamos sobre cómo pudiéramos mejorar la comunidad y alcanzar un progreso útil que sirva a las generaciones que vienen. Como dirigentes de la comunidad tenemos la obligación de velar por ella y desde este pensamiento es como nació la idea de construir una casa donde demos uso para varias actividades. Esta casa de uso múltiple está pensada para los niños, jóvenes, madres y padres de la comunidad, además pueden venir a compartir personas de otras comunidades. Organizamos bastantes eventos en esta comunidad y nunca teníamos donde recibir a la gente y cuidar de ellos cuando llovía. Para realizar este sueño de construir una casa para diferentes usos en nuestro estadio, acudimos a varias organizaciones esperando que nos puedan ayudar con los materiales de construcción para nuestro proyecto.

Las organizaciones a los que hemos pedido ayuda son la Junta Parroquial de Quichinche, Municipio de Otavalo, Empresa de Cementos UNACEM y la Fundación Tandana. Hoy estamos orgullosos ya que esta es la construcción más grande que se ha construido en toda la historia de la Comunidad de Guachinguero.

La casa que terminamos de construir servirá para dar capacitaciones a los jóvenes en diferentes temas, ya que muchas cosas para ellos son desconocidas. Las madres de familias también asistirán a capacitaciones de artesanías o en temas que ellas requieren aprender.

Otra de las ideas es utilizar la casa de uso múltiple como camerino para los jugadores de fútbol cuando se realizan eventos deportivos.

El estadio que tiene la comunidad es amplio, su nombre es Atahuallpa y lo inauguramos en 2010. Aquí se realiza el campeonato de fútbol “TARPUY RAYMI”, (fiesta de siembra, en especial maíz). Esto se realiza en mes de agosto.

También se realizan ferias comunitarias para ventas de productos cultivados en la misma zona y a futuro también se juntarían las comunidades vecinas.

La Fundación Tandana nos ayudó bastante. Nos ayudó con materiales para la construcción y también entrego puertas y ventanas que ya están colocadas en esta casa.

Además, este trabajo se realizó conjuntamente con voluntarios de la Fundación Tandana que venían a trabajar con la comunidad. En el mes de marzo trabajaron un grupo a traves Tandana de la Universidad de Northeastern, quienes ayudaron para el inicio de esta construcción.

George Washington University, fue el segundo grupo de Tandana que se hizo presente en esta comunidad para brindar ayuda en los trabajos comunitarios que se realizaron durante la construcción.

El 3 de Junio de 2017 inauguramos la Casa de Uso Múltiple, y están presentes las autoridades que nos ayudaron. Estamos muy agradecidos por la ayuda ya que cada institución aportó con un granito de arena para realizar este gran sueño nuestro.

Quisiera compartir unas fotos para que vean cómo estuvo la inauguración

¡Gracias a todos!

Ramiro Tuqueres

The multipurpose building in Guachinguero

Compiled by Margarita Fuerez

The rural parish of San José de Quichinche is the largest in the canton of Otavalo, because of the number of communities it has, as well as being the parish with the largest amount of territory; which is why the communities are very dispersed.

Inside the parish, you’ll find the community of Guachinguero, 16 kilometers from the city of Otavalo. Within the community, live approximately 388 inhabitants. In general, the men in the community work as construction workers. In order to find work, they leave the community and work in cities like Otavalo, Ibarra, and Quito, since the pay is better and return home on the weekends or once a month. Generally, women stay at home and take care of the children, and in their free time make bracelets, weavings, or dream catchers.

Due to the distance from Otavalo, there are very few buses leaving for Guachinguero, and people have to plan ahead for trips by coordinating rides together in vans or trucks if they want to leave and do something in Otavalo.

The community has a small school which the children within the community attend, and in order to reach it, children often have to walk one or two kilometers. The school has 60 students and four teachers; one of the teachers is from the community. The Tandana Foundation supports her work taking care of the youngest children.

I spoke with Ramiro Tuquerres, president of the Gauchinguero Community. He told us how this community project was carried out within his community and about its inauguration today. Here is what he said:

Ritual preparation made to bless the new building

Each community council member thought about what we could do to improve the community, and what would serve future generations. As community leaders, we have an obligation to watch out for them; this frame of mind gave birth to the idea of constructing a building that could be used for a variety of activities. We are planning that children, youth, and parents could all use the multipurpose building; as well as people from neighboring communities. We organize a lot of community events, and we never had a place where we could welcome people and shelter them from the rain. To carry out this dream of building a multipurpose building in our community, we approached various organizations asking for help with materials for the construction of our building.

The organizations that we asked for help were: the Parish Council of Quichinche, the Municipality of Otavalo, the cement company UNACEM, and The Tandana Foundation. Today we are proud because this is the largest construction project that has been done in the history of Gauchinguero.

When we finish constructing the building, it will serve to educate youths on different subjects, because at the moment many things are unknown to them. Mothers with families will also be able to attend classes on crafts or on other subjects they wish to learn.

Another idea is to use the multipurpose building as a dressing room for soccer players before sporting events.

The stadium in the community is large. Its name is Atahuallpa and we inaugurated it in 2010. This is where we had the soccer championship of the “TARPUY RAYMI” (corn planting festival). This took place in August.

There are also community fairs for selling products cultivated in this very area, and in the future, neighboring communities will be included.

The Tandana Foundation helped us a lot. They helped us with materials for construction and also brought us doors and windows that we have already put into the building.

Also, the work was done together with volunteers from The Tandana Foundation that came to help out in the community. In March, the community members worked with a Tandana group from Northeastern University, who helped with the beginning of the construction.

George Washington University was the second Tandana group to come to this community to help with the construction.

On the 3rd of June 2017, we inaugurated the Multipurpose Building; those present included the authorities that helped us. We are very thankful since each institution contributed a grain of sand to help us realize this grand dream of ours.

We wish to share some photos so that you can see what the inauguration was like.

Thank you, everyone!

Ramiro Tuqueres

Début du rituel pour rendre grâce à notre Mère la Terre (Pachamama)

Compilé par Margarita Fuerez

La paroisse rurale de San José est la plus grande du canton de Otavalo, du fait du nombre de communautés présentes, et aussi du fait d’être la paroisse dotée du plus grand territoire ; c’est pourquoi les communautés sont très dispersées.

Au sein de la paroisse, nous trouvons la communauté de Guachinguero, à 16 kilomètres de la ville d’Otavalo. La communauté se compose d’environ 388 habitants. En général, les hommes de la communauté travaillent dans les métiers de la construction. Pour trouver un emploi, ils quittent la communauté et travaillent dans des villes comme Otavalo, Ibarra et Quito, parce que les salaires sont plus hauts et ils retournent à la maison les weekends ou une fois par mois. En général, les femmes restent à la maison pour s’occuper des enfants, et dans leur temps libre, faire des bracelets, du tissage, ou des capteurs de rêves.

En raison de la distance depuis Otavalo, il y a très peu de bus qui partent pour Guachinguero, et les gens doivent planifier à l’avance leurs voyages en coordonnant ensemble des trajets dans des mini vans ou des camions, s’ils souhaitent aller à Otavalo.

La communauté possède une petite école où vont les enfants de la communauté, et afin de l’atteindre les enfants doivent souvent marcher un ou deux kilomètres. L’école compte 60 élèves et quatre enseignants ; l’un des enseignants est originaire de la communauté. La fondation Tandana soutien son travail auprès des plus jeunes enfants.

J’ai discuté avec Ramiro Tuquerres, président de la communauté de Gauchinguero. Il m’a expliqué comment ce projet fut réalisé au sein de sa communauté et il m’a parlé de l’inauguration d’aujourd’hui. Voici ce qu’il m’a dit:

Le partage de la nourriture avec la Terre mère en remerciement de son accord

Chaque membre du conseil communautaire a réfléchi à ce que nous pourrions réaliser pour améliorer la communauté, et ce qui pourrait servir les générations futures. En tant que leaders de la communauté, nous avons le devoir de veiller sur celles-ci ; cet état d’esprit a donné naissance à cette idée de construction d’un bâtiment polyvalent. Nous prévoyons que les enfants, les jeunes, et les parents pourraient utiliser le bâtiment polyvalent, ainsi que les gens des communautés voisines. Nous organisons de nombreux événements communautaires, et nous n’avions jamais d’endroit pour accueillir les gens à l’abri de la pluie. Pour mener à bien ce rêve de bâtiment polyvalent dans notre communauté, nous avons approché de nombreuses organisations en demandant de l’aide pour les matériaux nécessaires à la construction.

Les organisations auxquelles nous avons fait appel sont les suivantes : le Conseil de la communauté de Quichinche, la municipalité d’Otavalo, la cimenterie UNACEM, et la fondation Tandana. Aujourd’hui nous sommes fiers, car il s’agit du projet de construction le plus grand jamais réalisé dans toute l’histoire de Gauchinguero.

Lorsque nous auront terminé de construire le bâtiment, il servira à l’éducation des jeunes sur différents sujets, car aujourd’hui de nombreuses choses sont encore inconnues pour eux. Les mères avec leur famille pourront également participer aux cours sur l’artisanat ou sur d’autres sujets qu’ils souhaitent aborder.

Une autre idée consiste à utiliser le bâtiment polyvalent comme un vestiaire pour les joueurs de football avant les événements sportifs.

Le stade dans la communauté est grand. Son nom est Atahuallpa et nous l’avons inauguré en 2010. Le championnat de football du « TARPUY RAYMI » (festival de la plantation du maïs) a eu lieu dans ce stade. Cela s’est déroulé en Août.

Il y a aussi des foires communautaires pour vendre les produits cultivés dans cette zone, et dans le futur, les communautés voisines seront inclues.

La fondation Tandana nous a beaucoup aidé. L’aide fut constituée de matériaux pour la construction et aussi de portes et de fenêtres que nous avons déjà installé dans le bâtiment.

Également, le chantier fut mené à bien grâce à l’aide de volontaires de la fondation Tandana qui sont venu en aide à la communauté. En Mars, les membres de la communauté ont travaillé avec un groupe de Tandana de l’université du Nord-Est, qui nous a assisté dans le démarrage du chantier.

Le deuxième groupe de Tandana fut issu de l’université George Washington.

Aujourd’hui, le 3 Juin 2017, nous inaugurons le bâtiment polyvalent ; les autorités qui nous ont aidé font partie de l’assemblée parmi nous aujourd’hui. Nous sommes très reconnaissants, car chaque institution a ajouté le grain de sable nécessaire pour réaliser ce grand rêve.

Nous souhaitons partager quelques photos pour vous permettre de voir l’ambiance de l’inauguration.

Merci à tous !

Ramiro Tuqueres

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A Doctor Learns From Her Patients on a Health Care Volunteer Vacation

Kristin types notes in her patients’ medical records

By Kristin Linzmeyer

As a medical subspecialist here in the U.S., I was not convinced I would have anything to offer patients arriving at the clinics in the communities outside of Otavalo. I felt a little like an imposter at first, wanting to help but not really understanding what it is that they needed. I ended up learning more from my patients than they learned from me. While I offered assistance with their eye irritation and their arthritis, I also learned much about their strength, courage, tenacity, and an overwhelming sense of family and community. Their gratitude for any assistance that I could offer—whether it be a cane and pain medications for a woman who has worked in the fields her whole life and is falling because of her arthritis or a referral for cataract surgery for a gentleman who is blind in one eye and losing his vision in his other—was so sincere and heartfelt. Diego, one of the Tandana staff, thanked everyone at the end of the week for helping a neglected and ignored segment of the Ecuadorian population. I wanted to thank him and the rest of the staff for allowing me to be part of this experience and to meet and be exposed to some of the warmest, most sincere, and inclusive people I have ever met.

Kristin (left) talking with a patient

I came away from this trip with such a profound respect for The Tandana Foundation. While volunteering to provide medical care is important, I feel their medical referral program and their scholarship program will make a much greater, long-lasting, and meaningful impact on these communities than I or any other provider ever will. In the week I was there, referrals were made for two children with heart murmurs likely representing congenital heart disease, a man who is going blind and needs cataract surgery, and an elderly woman who has a large skin cancer on her face. I also met several of the scholarship students graduating from high school or currently attending college, an accomplishment that might otherwise not have occurred without the help of the foundation. The scope and vision of The Tandana Foundation allow for the advancement of education in this population and the ongoing health care in the local community long after the volunteers have left. I am in awe of Anna and Hope for their hard work in accomplishing this dream.

Kristin (izquierda) con su intérprete

Por Kristin Linzmeyer

Como sub-especialista médico aquí en los Estados Unidos, no estaba convencida de que yo tendría algo que ofrecer a los pacientes que llegaban a las clínicas de las comunidades fuera de Otavalo. Al principio, me sentía un poco impostora, con el deseo de ayudar pero sin saber qué es lo que necesitaban. Al final aprendí más de mis pacientes que ellos de mí. A la vez que les ayudaba con su irritación de ojos o su artritis, yo también aprendía sobre la fortaleza, valentía, tenacidad y el gran sentido familiar y de comunidad de ellos. Su agradecimiento por cualquier ayuda que yo pudiera ofrecerles—ya fuera un bastón o analgésicos para una mujer que ha trabajado en el campo toda su vida y se cae debido a su artritis; o una derivación médica para un señor ciego de un ojo y perdiendo la visión en el otro—era tan sincera y sentida. Al final de la semana, Diego, uno de los miembros de Tandana, agradeció a todos la ayuda ofrecida a una parte de la población ecuatoriana desatendida e ignorada. Yo quería agradecerle a él y al resto del personal el permitirme formar parte de esta experiencia; y conocer  y convivir con las personas más cálidas, sinceras y acogedoras que jamás he conocido.

Termino este viaje con un profundo respeto por la Fundación Tandana. Aunque ofrecerse como voluntario para proporcionar asistencia médica es importante, pienso que su programa de derivación médica y de becas tendrá un mayor y más duradero impacto en estas comunidades que yo u otro proveedor podría tener jamás. Durante la semana que yo pasé allí, se hicieron derivaciones médicas para dos niños con soplos cardíacos, posiblemente parte de una enfermedad cardiaca congénita, otra para un señor que está perdiendo la visión y necesita una operación de cataratas; y otra para una anciana con un gran cáncer de piel en la cara. También conocí a varios becarios terminando su educación secundaria o asistiendo a la Universidad, algo que no se hubiera logrado sin la ayuda de la fundación. El alcance y la visión de la Fundación Tandana permiten que la educación y el servicio sanitario de la comunidad continúen progresando por mucho tiempo tras la marcha de los voluntarios. Admiro a Anna y Hope por su arduo trabajo para lograr este sueño.

Kristin (à droite) examine un patient

Par Kristin Linzmeyer

En tant que surspécialiste médical ici aux Etats-Unis, je n’étais pas convaincu que j’aurais quoi que ce soit à offrir aux patients se présentant dans les cliniques dans les communautés à l’extérieur d’Otavalo. Je me suis senti un peu comme un imposteur au début, cherchant à aider mais ne comprenant pas ce dont ils avaient besoin. J’ai fini par apprendre davantage de mes patients qu’eux de moi. Alors que je leur offrais mon aide pour soigner des irritations aux yeux et leur arthrite, j’ai également appris beaucoup au sujet de leur force, leur courage, leur ténacité, et leur immense esprit de famille et de communauté. Leur reconnaissance pour l’aide que je pouvais offrir—qu’il s’agisse d’une canne et de médicaments contre la douleur pour une femme qui a travaillé dans les champs toute sa vie et qui fait des chutes dû à son arthrite ou une recommandation pour une chirurgie de la cataracte pour un monsieur aveugle d’un œil et perdant la vision dans l’autre—était si sincère et venait du cœur. Diego, un des membres de l’équipe de Tandana a remercié tout le monde à la fin de la semaine pour avoir aidé la partie négligée et ignorée de la population équatorienne.  Je voulais le remercier lui et le reste de l’équipe pour m’avoir permis de participer à cette expérience et de rencontrer certaines des personnes les plus chaleureuses, les plus sincères et solidaires que j’aie jamais rencontrées.

Je reviens de ce voyage avec un respect profond pour la fondation Tandana. Si se porter volontaire pour fournir de l’aide médicale est important, je pense que leur programme de recommandation médicale et leur programme de bourse auront un impact plus grand, plus durable et significatif sur ces communautés que ce que moi ou d’autres fournisseurs pouvons faire. Durant la semaine que j’aie passé là-bas, des recommandations ont été effectuées pour deux enfants avec des souffles au cœur, signe d’une cardiopathie congénitale, pour un homme devenant aveugle et nécessitant une chirurgie de la cataracte, et une femme âgée qui avait un large cancer de la peau sur le visage.  J’ai également rencontré plusieurs des lycéens ou étudiants boursiers, une réussite qui aurait pu ne pas avoir lieu sans l’aide de la fondation. La portée et la vision de la fondation Tandana permet de faire avancer l’éducation de cette population et les soins médicaux en continu longtemps après le départ des volontaires. Je suis en admiration devant Anna et Hope pour leur travail acharné pour réaliser ce rêve. 

Kristin (à gauche) écoute son interprète

The Tangali Dairy Association – A Dream Come True

 

Avelino Antamba, president of the Dairy Association of Tangalí

Por Avelino Antamba

En la parroquia de Quichinche, aproximadamente a 12.5 kilómetros desde la ciudad de Otavalo, se ubica una comunidad llamada Tangalí. Actualmente somos 144 familias, nuestro territorio es extenso y, por esta razón, las casas se encuentran muy dispersas.

Mi nombre es Avelino Antamba y tuve la oportunidad de formar parte de la directiva de la comunidad en algunas ocasiones, y sigo motivando a los miembros de la comunidad a luchar por lo que es nuestro derecho y nuestra vida. Quisiera compartir lo poquito que sé sobre la historia de mi comunidad y mi sueño realizado.

El nombre de la comunidad de Tangalí viene de palabra kichwa “tagari” que quiere decir impulsarse o sobresalir. Esta comunidad se conforma por las personas que trabajaron para las grandes haciendas de esta zona y que eran los llamados Huasipungueros.

Vista de la comunidad de Tangalí

Hace tiempo, los indígenas eran esclavos de los dueños de las haciendas y la forma de servir era trabajar desde las 6H00 AM, hasta 6H00 PM. Tampoco se tenían en cuenta los fines de semana y se descansaba, cada año, durante un mes por turno cada familia. La actividad a la que se dedicaban era agricultura en la siembra de maíz, frijol, trigo, cebada, entre otros.

Cuenta mi mamá que el dueño de la hacienda organizó una reunión donde asistieron sus sirvientes, y les informó de que todos los que hacían de huasipungueros para él, eran libres a partir de ese momento, e incluso entregó 5 hectáreas de tierra a cada jefe de familia para que pudieran construir un hogar, alimentarse y vivir con sus hijos en la misma zona.

Personalmente, desde niño, he soñado con hacer algo grande que incluya a mi familia y a la comunidad; déjenme decirles que he logrado. Yo siempre quise cambiar la vida de mi gente, ya que desde pequeño vi sufrir a muchos, trabajando sin descanso, bajo el sol y lluvias torrenciales. Por estas razones, no deseo maltratar a mis hermanos con pagos o cosas injustas, mi objetivo es echar una mano y ayudarles a salir adelante juntos.

A partir de esta mentalidad de empresario, he logrado crear un centro de acopio de leche, con el nombre de «Asociación de Lecheros de Tangalí» y lleva funcionando desde 2013. He pensado hacer esta micro-empresa unipersonal, debido a que al no contar con recursos económicos propios, compartí la idea con un amigo que me apoyó y más personas fueron integrándose a este proyecto, hasta llegar a 13 socios quienes creyeron, apoyaron mi ilusión y se quedaron a seguir luchando a pesar de los muchos obstáculos. Cada uno puso un aporte de $3.000,00 como contraparte.

Siempre quise crear una organización lucrativa que pudiera generarnos ingresos y conseguir una mejor calidad de vida. Por esa misma razón, cuando era más joven, me gustaba participar en todos los talleres y programas facilitados por el Estado. Más tarde visité otras ciudades y campos para ver cómo trabajan en otros sitios y llegue así a la conclusión de que podía ser un proveedor de leche a empresas lácteas del Ecuador.

La verdad es que no ha sido fácil construir pequeños emprendimientos sobre todo en nuestra comunidad, debido a la desventaja de estar ubicada muy lejos de la ciudad. Cada día luchaba incansablemente por conseguir realizar mi sueño y mi deseo, se puede conseguir lo que uno quiere aunque parezca imposible. A día de hoy me siento satisfecho, sobre todo estoy orgulloso de mis hermanos, porque son ellos quienes están saliendo beneficiados.

Con los aportes de los socios, me acerque a diferentes entidades del Estado para realizar gestiones y pedir apoyo para este proyecto. Con la insistencia he logrado obtener resultados positivos, desde la ciudad de Cayambe, que es el lugar donde se ubica la empresa y entrego la leche. La empresa DULAC me facilita formación técnica en la comunidad, en diferentes e importantes áreas para producir leche de calidad, como: esterilizar antes de ordeñar la leche de la vaca, alimentarla correctamente, o cuándo se deben dar antibióticos y entre otros.

Cada día recibo la leche en la mañana de 6H00 a 6H30 y en la tarde de 18H00 a 18H30. No tengo que exigirla porque las familias de la comunidad se acercan a entregarla, desde 2 litros hasta 300 litros. Dentro de la comunidad hay 44 familias que reparten, además de otras 4 comunidades que se han interesado por entregar la leche a esta asociación, con ellos tengo 80 proveedores que se encuentran a 30 kilometros del centro de acopio en las comunidades de Minas Chupa y Padre Chupa. Siempre envío un carro que recoja leche de todo lugar sin importar la distancia.

Hay más personas que participan, obviamente, porque el pago es bueno. Según lo establecido por el estado, el costo de leche por litro es 0,42 ctvs, pero yo les pago 0,44 ctvs., de ahí la razón para que más personas se acerquen aquí; mi objetivo siempre ha sido ayudar a más gente, siempre que sea posible a partir de mi emprendimiento diario.

Con la última gestión realizada he podido conseguir una máquina que ayuda cortar los rastrojos (desperdicios después de cosechar maíz), lo que facilita que el ganado pueda consumirlo sin dificultad. A pesar de la escasez de hierba por la temporada de sequia en estos meses, les presto esta máquina cuando la requieran, para que contribuya en la preparación de la alimentación del ganado y evite la disminución en la producción de leche: estas son las pequeñas ayudas que puedo brindar a mi gente, en lo que esté al alcance de mi mano.

Máquina que ayudará a cortar los rastrojos

Por otra parte, entrego crédito a personas que desean progresar más, con el cual pueden comprar una vaca, producir la leche y entregarla, a partir de lo que podrán descontarse el precio sin ningún coste añadido. Todas estas iniciativas e incentivos ayudan al crecimiento rápido, ya que he logrado triplicar la cantidad de leche en 9 meses: en los meses pasados recolectaba 700 litros en 2 días, hoy, 1800 litros diarios.

Mi sueño es llegar a recolectar 12,000 litros diariamente, para esto estoy planeando conseguir 2 tanques más para guardar la leche. Tengo una buena acogida en la empresa en la que la entrego, debido a su calidad. Para ello tengo todos los instrumentos necesarios en el centro de acopio, los cuales me ayudan a detectar si tiene mezcla de agua, si la leche está muy ácida o lleva más de un día, si contiene antibióticos, si está esterilizada y todas las cosas que se exigen para garantizar la calidad. Ya que si no aplica este control cada vez que la recibo, existe un riesgo alto de pérdidas para mí. En 3 ocasiones perdí un valor de $800.00, estas son las experiencias que permiten aprender y evitar pérdidas en el futuro.

Máquinas e implementos necesarios para realizar control de calidad

En estos últimos meses he recibido la visita de turistas extranjeros que han venido con la Fundación Tandana. La verdad es que me siento feliz de poder exponer la vivencia de la comunidad, de poder ayudar a las familias, sobre todo contarles acerca de mi superación y de cuáles son mis aspiraciones para el futuro. Mi sueño a largo plazo es ser la empresa de productos lácteos de Tangalí, proveer a empresas pequeñas, medianas y grandes de forma directa. Gracias por sus visitas, siempre son bienvenidos y estamos muy agradecidos por cualquier contribución.

Quisiera también agradecer a la Fundación Tandana que nos hayan donado los materiales necesarios para terminar de poner la cerámica en la casa de acopio de leche. Esta donación ayudará a la asociación al permitir mantener altos niveles de higiene en nuestro centro de acopio. ¡Gracias por su colaboración y por creer en nuestra empresa!

Avelino begins his day early receiving the milk.

By Avelino Antamba

There´s a community called Tangalí in the Quichininche parish. It has 144 families and is approximately 12.5 km from the city of Otavalo. Our community is vast so the houses are scattered.

My name is Avelino Antamba and I have had the opportunity to be part of the community Council from time to time, and I´m always trying to continue to motivate the members of this community to fight for what is our right and for our life. I would like to share the little I know about my community and about my dream that came true.

The name of our community, Tangalí, comes from the kichwa word “tagari,” which means to boost or to get ahead. This community is made up of people who worked for the plantation in the area and were called Huasipungueros.

View from the community of Tangali

In the past, the indigenous people were slaves for the plantation owners and had to serve them. They had to work from 6 am to 6 pm, including on weekends, and each family was given one month off each year. They farmed corn, beans, wheat and barley, among other things.

My mother told us the plantation’s owner organized a meeting for his workers and informed them that everyone who worked for him as a Huasipunguero was free from then on. He even gave 12 acres of land to each head of household to build a home, feed themselves and live with their children in the same area.

Personally, as a child, I dreamed of doing something great for my family and my community. Let me tell you, I succeeded. I have always wanted to change people´s lives. Since I was little I have seen people working without rest under the sun and in torrential rain. For those reasons, I don´t want to punish my brothers with fees and unfair things. My goal is to lend a hand and help them to get by together.

Thanks to this entrepreneurial mindset, I have created a dairy association and milk collection center, named “Asociación de Lecheros de Tangalí” (Tangalí Dairy Association) that has been operating since 2013. Since I couldn’t afford it on my own, I had the idea of making it a collective business. I shared the idea with a friend who supported me on this project. Then more people joined, until we had 13 founding partners who believed in me, supported my dream and kept fighting despite difficulties. Each partner contributed $3,000 dollars.

I have always wanted to create a lucrative organization that could generate income and help us achieve a better quality of life. For this reason, when I was younger, I liked to participate in public workshops and programs. Later, I visited other communities and farms to see how they worked there, and I concluded I could be a milk provider for dairy companies in Ecuador.

The truth is it hasn´t been easy to build a small business, especially in our community, due to the fact that we are located far from the city. I fought hard to achieve my dream and my wish. Anyone can make their dreams come true even if it looks impossible. Nowadays I feel satisfied, mainly because I´m proud of my fellow community members, who benefit from the business.

With the financial contributions from my partners, I approached different government entities and asked them to support this project. Thanks to never giving up, I achieved positive results. The dairy company is located in the community of Cayambe and is where I deliver the milk. DULAC gives me all the technical information in different and important areas to produce quality milk, such as sterilizing the cows before milking them, how to feed them, or when they should be given antibiotics, etc.

I receive the milk each day from 6 AM to 6:30 AM in the mornings and from 6 PM to 6:30 PM in the evening. I don’t have to ask for it because the families from the community come to deliver it, from 2 liters to 300 liters. In the community, there are 44 families who provide milk. In addition, there are four other communities that provide milk to this association. With them I have 80 providers located around 30 kilometers from the collecting center. Some of my providers live in the communities of Minas Chupa and Padre Chupa. I always send a vehicle to pick up the milk from any place no matter the distance.

One of the families who provides milk to the Tangalí Association

There are obviously more people participating because the earnings are good. According to the government, the milk costs $0.42, a liter, but I pay them $0.44, which is the reason more people come to me. My goal has always been to help more people, whenever it is possible within my daily routine.

With my last profits I have been able to get a machine that helps cut the stubble (waste after harvesting corn), which makes it easier to feed the cattle. Despite a lack of grass during the dry season in the last months, I lend my providers the machine when they need it. This helps with the preparation of the cattle and avoids a reduction in the milk produced: this is the little help I can give to my people. This is within reach.

On the other hand, I give credit to people who wish to do more, to buy another cow, produce milk and deliver it, to reimburse the price without adding any cost. All these initiatives and incentives help create fast growth. Because of them, I tripled the amount of milk I collect in 9 months: in previous months, I collected 700 liters every 2 days. Now I collect 1,800 liters a day.

My dream is to collect 12,000 liters a day, which is why I´m planning on getting 2 more tanks to store the milk. I have a good reputation for delivering high-quality products to the dairy company I work with. I have all the necessary equipment at the collecting center to detect if the milk is a watery mixture, if it is too bitter, has been there for more than a day, has antibiotics, if it is sterilized, and all the things required to ensure good quality. If I don´t apply these controls each time I receive milk, there is a high risk of loss for me. I have lost $800 on three occasions. I have learned from these experiences and know how to avoid losses in the future.

Doing quality control

In recent months, I have been visited by foreign volunteers from The Tandana Foundation. The truth is that I’m happy to tell them about living in the community, helping the families and, mainly, about what I have overcome and my aspirations for the future. My long-term dream is to open a dairy company in Tangalí and to provide milk to small, medium-sized and large businesses directly. Thank you for your visits, you are always welcome and we are grateful for any donations.

I would also like to thank The Tandana Foundation for donating the materials needed to finish tiling the milk collecting center. This donation will help the association maintain high levels of cleanliness at our milk collecting center. Thank you for your collaboration and for believing in our company!

Réservoir de collecte de lait

Par Avelino Antamba

Il existe une communauté, dans la paroisse de Quichininche, appelée Tangalí. Elle compte 144 familles et se trouve à environ 12,5 km de la ville d’Otavalo. Notre communauté est vaste et les maisons sont dispersées.

Je m’appelle Avelino Antamba et j’ai eu l’occasion de faire partie, de temps en temps, du Conseil communautaire et j’essaie toujours de continuer à motiver les membres de la communauté à lutter pour ce qui est de notre droit et pour notre vie. Je voudrais partager le peu que je connais de ma communauté et de mon rêve qui devint réalité.

Le nom de notre communauté, Tangalí, vient du mot kichwa tagari, qui signifie stimuler ou se démarquer. Cette communauté est composée de personnes qui travaillaient pour le domaine dans la région et qui étaient appelés Huasipungueros.

Dans le passé, les indigènes étaient esclaves des propriétaires fonciers et devaient les servir. Ils devaient travailler de 6 heures du matin à 18 heures le soir, y compris les week-end, et chaque famille recevait un mois de congé chaque année. Ils cultivaient maïs, haricots, blé et orge, entre autres.

Ma mère nous a dit que le propriétaire du domaine avait organisé une réunion pour ses travailleurs, les informant que tous ceux qui travaillaient pour lui comme Huasipungueros étaient désormais libres. Il a même donné 5 hectares de terre à chaque chef de famille pour construire une maison, se nourrir et vivre avec leurs enfants dans la même région.

Personnellement, étant enfant, je rêvais de faire quelque chose de bien avec ma famille et ma communauté. Laissez-moi vous dire, j’ai réussi. J’ai toujours voulu changer la vie de mes gens. Depuis que j’étais petit, j’ai vu des gens travailler sans repos, sous le soleil et sous une pluie torrentielle. Pour ces raisons-là, je ne veux pas punir mes frères avec des frais et des choses injustes. Mon but est de leur donner un coup de main et de les aider à se débrouiller ensemble.

Grâce à cet esprit d’entreprise, j’ai créé un centre de recollection de lait, appelé Asociación de Lecheros de Tangalí (Association des Laitiers de Tangalí), qui est en opération depuis 2013. Comme je n’en avais pas les moyens tout seul, j’ai eu l’idée d’en faire une petite entreprise collective. J’ai partagé l’idée avec un ami qui m’a soutenu dans ce projet. Puis plus de gens s’y sont joints, jusqu’à arriver à 13 partenaires fondateurs qui ont cru en moi, ont soutenu mon rêve et ont continué à lutter malgré les difficultés. Chaque partenaire a contribué 3000 dollars.

J’ai toujours voulu créer une organisation lucrative qui pourrait générer des revenus et nous aider à atteindre une meilleure qualité de vie. Pour cette raison, quand j’étais plus jeune, j’aimais participer à des ateliers et des programmes publics. Plus tard, j’ai visité d’autres communautés et fermes pour voir comment ils y travaillaient, et j’ai conclu que je pouvais être un fournisseur de lait pour les entreprises laitières en Équateur.

La vérité est qu’il n’a pas été facile de construire une petite entreprise, surtout dans notre communauté, car nous sommes situés loin de la ville. J’ai beaucoup lutté pour réaliser mon rêve et mon souhait. Tout le monde peut réaliser ses rêves, même si cela semble impossible. Aujourd’hui, je suis satisfait, principalement parce que je suis fier des membres de ma communauté qui se bénéficient de l’entreprise.

Avec les contributions financières de mes partenaires, j’ai approché différentes entités gouvernementales et leur ai demandé de soutenir ce projet. Du fait de n’avoir jamais laissé tomber, j’ai obtenu des résultats positifs. L’entreprise de produits laitiers est située dans la ville de Cayambe et c’est là que je livre le lait. Cette entreprise, DULAC, me donne toutes les informations techniques, dans les différents domaines importants pour produire du lait de qualité, tels que la stérilisation des vaches avant de les traire, la façon de les nourrir, les antibiotiques qu’elles doivent prendre etc.

Je reçois le lait chaque jour de 6h à 6h30 le matin et de 18h à 18h30 le soir. Je n’ai pas à le requérir car les familles de la communauté viennent le livrer, de 2 litres à 300 litres. Dans la communauté, il y a 44 familles qui produisent du lait. En outre, quatre autres communautés fournissent du lait à notre association. Avec celles-ci, j’ai 80 fournisseurs situés à environ 30 kilomètres du centre de collecte. Certains de mes fournisseurs vivent dans les communautés de Minas Chupa et Padre Chupa. J’envoie toujours un véhicule pour passer prendre le lait à n’importe quel endroit, peu importe la distance.

Il y a évidemment plus de gens qui participent parce que les bénéfices sont bons. Selon le gouvernement, le lait coûte 0,42 $ le litre, mais je leur paie 0,44 $, ce qui explique pourquoi de plus en plus de gens viennent me voir. Mon but a toujours été d’aider plus de gens, chaque fois que c’est possible dans ma routine quotidienne.

Avec mes derniers bénéfices, j’ai pu acheter une machine qui aide à couper les chaumes (déchets après la récolte du maïs), ce qui facilite l’alimentation du bétail. Malgré un manque d’herbe pendant la saison sèche ces derniers mois, je prête la machine à mes fournisseurs quand ils en ont besoin. Cela aide à la préparation du bétail et évite une réduction du lait produit : c’est le peu d’aide que je peux donner à mes gens. C’est à ma portée.

D’un autre côté, je fait des prêts aux personnes qui souhaitent en faire plus, acheter une autre vache, produire du lait et le livrer, pour repayer le prix sans ajouter aux coûts. Toutes ces initiatives et incitations aident à une croissance rapide. Grâce à elles, en 9 mois j’ai triplé la quantité de lait que je reçois : au cours des mois précédents, je collectais 700 litres dans 2 jours. Maintenant, je reçois 1800 litres par jour.

Mon rêve est d’arriver à 12 000 litres par jour, c’est pourquoi je prévois d’acheter deux réservoirs supplémentaires pour stocker le lait. J’ai une bonne réputation quant à livrer des produits de haute qualité à la compagnie laitière avec laquelle je travaille. J’ai tout l’équipement nécessaire au centre de collecte pour détecter si le lait est un mélange aqueux, s’il est trop amer, s’il a été là depuis plus d’une journée, s’il a des antibiotiques, s’il est stérilisé et tout ce qui est nécessaire pour assurer une bonne qualité. Si je n’applique pas ces contrôles chaque fois que je reçois du lait, je cours un risque élevé de perte. J’ai perdu 800 dollars à trois reprises. J’ai appris de ces expériences et je sais comment éviter les pertes à l’avenir.

Réservoir de collecte de lait

Au cours des derniers mois, j’ai été visité par des volontaires étrangers de la Fondation Tandana. La vérité est que je suis heureux de leur parler de la vie dans la communauté, de l’aide aux familles et surtout, de ce que j’ai dû vaincre et de mes attentes pour l’avenir. Mon rêve à long terme est d’ouvrir une entreprise laitière à Tangalí et de fournir directement du lait aux petites, moyennes et grandes entreprises. Merci pour vos visites, vous êtes toujours les bienvenus et nous sommes reconnaissants pour toute donation.

Les volontaires de Tandana

Je tiens également à remercier la Fondation Tandana pour avoir fourni le matériel nécessaire pour achever le carrelage du centre de collecte du lait. Cette donation aidera l’association à maintenir les niveaux élevés de propreté dans notre centre de collecte de lait. Merci pour votre collaboration et pour avoir cru en notre entreprise!

Things That Happen in the Night – An Anecdote From Ecuador

Nate (second from the right in the dark blue shirt) with other volunteers and Tandana staff

By Nate Cordick

One night, I was walking to the bathroom from the main house when I heard a strange noise. It sounded like an animal was moving through a bush, but it sounded too big to be one of the family dogs. I walked around to the back of the bathroom and almost jumped when I saw what was staring back at me; a pig. I scrambled inside and yelled for someone to come help me. My host sister came running outside with my host mom, and we ran towards the bathroom. The pig, startled by our sudden appearance, started to head in the opposite direction. After a few minutes of frantically chasing the pig, my sister finally got lucky and grabbed a hold of its rope. As we walked the pig back to its pen, the pig made another attempt at escape. She took off in one direction while my sister pulled in the other. As I ran over to help my sister out, the pig switched directions in such a way that I happened to be right in the way. The taut rope hit me so hard that I was knocked to the ground. Then, I started laughing. I mean, is there anything funnier than chasing an escaped pig in the middle of the night? Soon, all 3 of us were on the ground, laughing so hard that tears were flowing. Looking back on this night, I now know that this is one of many memories that I will remember for the rest of my life.

Nate en el mercado de Otavalo

 Por Nate Cordick

Una noche, mientras me dirigía al baño de la casa principal, escuché un ruido extraño. Parecía un animal demasiado grande para ser uno de los perros de la familia, moviéndose contra un arbusto. Retrocedí hasta la pared del baño y casi salté al ver lo que tenía frente a mí, un cerdo. Me encogí y llamé a alguien para que viniera a ayudarme. Mi hermana anfitriona apareció rápidamente con mi madre anfitriona y vinieron corriendo hasta el baño. El cerdo, asustado por su súbita presencia, fue en dirección contraria. Tras unos minutos persiguiendo al cerdo desesperadamente, mi hermana lo agarró con una cuerda. Sin embargo, mientras le llevábamos de vuelta al redil, trató de escaparse otra vez. Fue hacia un lado y mi hermana hacia el otro, aunque cuando se giró, cuando traté de ayudar a mi hermana, el cerdo acabó delante de mí. La cuerda estirada me golpeó con tal fuerza que acabé en el suelo y entonces me eché a reír. ¿Qué hay más divertido que perseguir a un cerdo fugado en mitad de la noche? Poco después ya estábamos las 3 en el suelo riéndonos tanto que se nos caían las lágrimas. Al recordar esa noche, ahora sé que es uno de esos recuerdos que no olvidaré en la vida.

Nate avec des jeunes de la communauté

Par Nate Cordick

Une nuit, je marchais vers la salle de bains depuis la maison principale quand lorsque j’ai entendu un bruit étrange. Ça sonnait comme un animal qui se déplaçait à travers un buisson, mais il semblait trop gros pour être l’un des chiens de la famille. Je suis allé derrière la salle de bains et j’ai sursauté lorsque j’ai vu ce qui me regardait droit dans les yeux, une truie. Je suis retourné à l’intérieur et je hurlai pour que quelqu’un vienne m’aider. Ma sœur et ma mère d’accueil sont venues dehors en courant, et nous avons couru vers la salle de bains. La truie, surpris par notre apparition soudaine, a commencé à se diriger dans la direction opposée. Après quelques minutes à courir après l’animal, ma sœur a enfin eu de la chance et attrapa la corde de la truie. Alors que nous emmenions l’animal de retour dans son enclos, celle-ci tenta de s’échapper à nouveau. Elle parti dans une direction, alors que ma sœur tira dans l’autre. Alors que je courais pour aider ma sœur, la truie changea de direction d’une telle manière que je me retrouvais sur son chemin. La corde tendue m’a frappé si fort que j’ai été jeté à terre. Puis, j’ai commencé à rire. Après tout, qu’est-ce qui est plus drôle que de courir après une truie échappée au milieu de la nuit ? Bientôt, nous étions tous les trois au sol, à rire si fort que des larmes coulaient sur nos joues. Avec du recul aujourd’hui sur cette nuit particulière, je sais maintenant que c’est un des nombreux souvenirs dont je me souviendrai pour le reste de ma vie.

Nate (au centre) avec sa mère et ses frères et sœurs

Moving Mountains– Literally

REACH Director Ken Gates (right) playing a game on the cancha with a community member (left while other community members and REACH students watch.

By Shannon Cantor

I recommend that you travel to the highlands of Ecuador, to the small city of Otavalo. From the terminal—its own chaos of moving people, cars, and shouts—take an old, blue bus parked in the third row from the right-hand side, with a sign in the window marked “Quichinche.” Get off after about 25 minutes, when you reach the last stop. Walk half an hour, straight up hill, through cow fields and a eucalyptus forest. Only then will you find yourself in the community of Agualongo de Quichinche.

Agualongo is an indigenous community of 45 families, 192 individuals. Its formation is the alliance of huasipungos—small plots of land granted by the neighboring plantation (Hacienda Perguachi) to each family under its rule, as part of the Spanish conquest’s enforced “encomienda” system. The scars of this dark history are still visible in the community—from limited water and fertile land, to the dominant surname “Perugachi,” to an extremely low level of average household income and heavy reliance on subsistence agriculture. However, despite material poverty and subjection to continued racism, Agualongo is rich in character, sense of community, retention of Kichwa culture, and connection to its land. The community members not only preserve this extensive knowledge, but also form a network of open and loving families that enjoy sharing its richness. Agualongo was the first community that accepted Tandana volunteers into its homes, and our positive friendship has only strengthened over the past ten years of collaboration.

The community forms some of its strongest bonds on and around its sports field (“cancha”). Every night, and all day on weekends, community members of all ages and genders gather in this centrally located, dust field. Whether participating in soccer or volleyball games, playing on the sidelines, or selling snacks to gathered spectators, people come together in this open space for positive entertainment and participation of the entire community. The one, small field has become increasingly insufficient to host the number of people who gather there. Additionally, Agualongo ́s only road passes directly through this center. Traffic not only deteriorates the state of the field, but also creates a hazardous situation: children play games in the middle of the road, while the edge of the field that was built up with fill dirt crumbles, placing three houses in danger of a potential landslide. Because of the importance of the field and the risks involved in its current state, the community has dreamed for years of a project to improve its condition.

The current cancha space, with the road running directly through it.

This opportunity finally arrived in 2017, with the collaborative generosity of the REACH (Resilience, Education, Adventure, Community, Health) program. In 2016 and 2017, Tandana had the opportunity to work with volunteers from this youth development program of the Orfalea Foundation. A trip to Ecuador with Tandana culminated the scholarship students’ 4 years with REACH, as their final trip before graduating from the program. After Agualongo hosted students from the 2016 cohort, REACH-ers returned to the States dramatically impacted by the warmth of the community; the values for which REACH stands were manifested in the community’s genuine character, and the experience provided an ideal capstone to the students growth through the four-year program. In thanks to Agualongo, and in preparation for the two cohorts scheduled to arrive in 2017, REACH director Ken Gates desired to give back to the community —funding a more substantial work project.

Agualongo welcoming REACH students to the community.

When Tandana presented the community with REACH’s generous desire to collaborate, and Agualongo had the opportunity to propose a project of highest priority, families jumped to coordinate the cancha’s amplification and relocation. But with the project’s approval by the Orfalea Board, the community’s work was just getting started. A project this large in scale requires not only an investment of labor (where Agualongo held community work days to clear the area) and the rental of excavation equipment (where the REACH donation will be invested); it also involves borrowing municipal machinery, various environmental studies, and a rigorous comparative process of contractors’ proposals. In essence, it requires a unified and motivated undertaking of political navigation and insistent advocacy.

Whether due to Agualongo’s history, its economic situation, or the still-palpable air of racism in Ecuador, Agualongo has historically disbelieved in its ability to exercise these advocacy skills, and thus has stopped even trying. During a Tandana/ Agualongo meeting in February, limited by the cost of over $500 in cement, Tandana’s Program Manager proposed to Agualongo’s community council:

“Why not petition the neighboring cement factory to donate the cement? It has been polluting your community for over 50 years; even more, it has already-designated funds to maintain an image of community service and environmental responsibility…”

But the community’s immediate and definitive reply remained:

“We’ve tried that type of thing. No one cares about Agualongo.”

The community has experienced over 200 years of systematic racism. It not only teaches community members to believe that they are invisible, but also and repeatedly insists that they are powerless to make themselves seen.

Here enters the great irony of the cancha project. Seeing that Agualongo lacks water during the dry season, lives constantly with landslides, and remains in many ways under the thumb of an antiquated and unjust Hacienda system, an outside partner might push the community members to prioritize a project that would seem to have greater impact than digging a field to play soccer. But we didn’t. I sat in on more community meetings than I can remember—listening each time to a growing excitement, expressed in the hushed Kichwa chatter of every age and gender. That this opportunity might be taken to finally improve the cancha: whether or not I understood the logic of its importance, this idea over and over defined the community’s highest hope and unanimous priority.

Once Agualongo learned of the project’s approval, people began to mobilize in a way that I had never seen them do. The community council held meetings with numerous contractors—thinking of the best price and analyzing ways to ensure that the excavator would not rip them off. They measured and consulted with the numerous construction experts from the community, made office visits and official requests to the parish and municipal governments, and even pressured the Hacienda Perugachi’s owner to donate a small piece of land that would allow them to expand the cancha even farther into the mountainside. They culminated this organized action with the community’s first official contract and digital project proposal.

Agualongo has dreamed big with this initiative: its current design includes an even larger expansion, which will make possible not only the soccer field, but also two adjacent volleyball courts. The addition takes advantage of the full area that Agualongo owns on the mountainside. This design requires more funding and planning than the project’s original projection, yet it truly presents an adequate space for the community’s long-term needs. With this goal, Agualongo has for the first time mobilized to arrange a private meeting with the UNACEM cement factory to solicit machinery and funding; attended the parish’s annual budget meeting; and invited the provincial governor to Agualongo to explain the project to him and gain his support.

Pablo Jurado, governor of Imbabura Province (seated left) in Agualongo while the community gathers to pitch him the project proposal. Giving the speech (standing) is Agualongo’s president Mariano Perugachi.

Tandana strives to help communities realize their own goals of development. We respect them as people who know their own needs. We had no intention of changing that philosophy in the case of the cancha, and thus got fully behind the project. But I must admit: I doubted the relevance of a sports field, comparing all the other projects we could realize with REACH’s donation. However, this cancha has proven a value that I never expected, a worth that is much greater than the field itself, or even the hundreds of memories that will no-doubt be formed on its surface. The whole community is working to realize this goal, and is doing so because it stands important to the community as a whole. In fact, this cancha requires way more than monetary investment; it requires days-long physical labor, countless meetings and phone calls, and a learning curve that has broken every boxed-in doubt about the community’s leveraging power. The process is long, longer than any of us anticipated. But it has been successful; the community has a contract ready to sign, and has submitted this proposal to multiple actors to complete the funding needed for total excavation. With this first contract, perhaps for the first time, Agualongo has believed in its ability to organize, to push, to advocate, and to demand bureaucratically hidden—but available—resources; perhaps for the first time, Agualongo is realizing that its voice can—and deserves to—be heard.  These individuals are not invisible. They have the power to ensure otherwise.

To me, the cancha proves that any decision made with an intentional focus on valuing people is always more effective than a decision based solely on logic, on theory, or on any other even well-intentioned priority. We are incredibly thankful to REACH for their support—that they trusted Tandana enough to back this vision, and even more, that they so wholeheartedly valued the community’s definition of its needs. Only because relationships and respect existed as the highest priority for all parties involved—over individuals’ personal projects in Agualongo, over “logical” prioritization on the part of Tandana, and over the conceptualization of “high-impact” ideas on the part of REACH—Agualongo is exercising its right and ability in advocacy. Perhaps none of us knew all that could be gained from a soccer field. But I can attest to the fact that the community is gaining much more than just a stadium. The practical need for a safe play space will be filled, as the mountainside is dug away. But the excavation is also chipping away at the century-hardened doubt that has unjustly paralyzed our friends for way too long.

I recommend that you travel to the highlands of Ecuador, to the small city of Otavalo. More, I recommend that you spend time in and with the community of Agualongo. You will soon see a beautiful new soccer field, and even play a game with the kids who will be running around and excited to see you. Don’t feel bad if you lose to the 7-year-olds; take consolation in knowing the story of this space. It will be a basic field with nothing fancy, not even grass. But it will be patted down by hundreds of layered footprints, a model of empowerment running much deeper than the excavated dirt.

Miembros de la comunidad de Agualongo y voluntarios de Tandana juegan en la cancha.

Por Shannon Cantor

Te recomiendo que viajes a la sierra del Ecuador, a la pequeña ciudad de Otavalo. Desde la terminal—caótica con el ajetreo de gente, coches y voceríos —toma un viejo autobús azul estacionado a la derecha en la tercera fila, cuya señal en la ventana dice “Quichinche.” Transcurridos unos 25 minutos bájate en la última parada. Camina por media hora, sube la colina, atraviesa unos prados de vacas y un bosque de eucalipto. Solo entonces te encontrarás en la comunidad de Agualongo de Quichinche.

Agualongo es una comunidad indígena compuesta de 45 familias y 192 personas. Su formación es la alianza de huasipungos—pequeños terrenos proporcionados por la plantación vecina (Hacienda Perugachi) a cada familia bajo su reglamento, como parte del sistema encomienda impuesto tras la conquista española.  Las secuelas de esta oscura historia todavía están presentes en la comunidad—desde la escasez de agua y tierra fértil o el apellido reinante de “Perugachi,” hasta el nivel bajísimo del ingreso promedio por hogar y la fuerte dependencia en una agricultura de subsistencia. No obstante, a pesar de la pobreza material y el sometimiento a un racismo continuo, Agualongo muestra riqueza en su naturaleza, su sentido comunitario, la conservación de la cultura quechua y el vínculo a su tierra. Los miembros de la comunidad no solo mantienen este vasto conocimiento sino que también conforman una red de familias abiertas y cariñosas que disfrutan compartiendo su riqueza.  Agualongo fue la primera comunidad en aceptar en sus hogares a voluntarios de Tandana. Nuestra positiva amistad se ha fortalecido durante los últimos 10 años de colaboración juntos.

La comunidad forma uno de sus vínculos más fuertes en torno a su cancha deportiva.  Cada noche y todo el día durante los fines de semana, los miembros de la comunidad de todas las edades y sexos se reúnen en esta cancha polvorienta ubicada en el centro. Ya sea participando en partidos de fútbol o de vóleibol, jugando en las líneas de banda o vendiendo refrigerios a los espectadores. La gente se reúne en este espacio abierto para disfrutar de forma sana y para que toda la comunidad participe. Esta cancha pequeña progresivamente ha dejado de ser suficiente para acoger el número de personas que aquí se reúnen. Además, la única carretera en Agualongo pasa directamente por este sitio. El tráfico no solo deteriora el estado de la cancha si no que también crea una situación peligrosa: los niños juegan en medio de la carretera, mientras el borde de la cancha que se construyó con tierra se desmorona, poniendo tres viviendas en peligro de un posible derrumbe. Debido a la importancia de la cancha y los riesgos que conlleva en su estado actual, la comunidad  ha soñado durante años con un proyecto para mejorar su estado.

El espacio actual de cancha, con el camino corriendo directamente a través de él.

Esta oportunidad finalmente llegó en 2017, con la generosa colaboración del programa  REACH (Adaptación, Educación, Aventura, Comunidad y Salud).  En 2016 y 2017, Tandana tuvo la oportunidad de trabajar con voluntarios del programa de desarrollo juvenil de la Fundación Orfalea. Un viaje a Ecuador con Tandana culminó los cuatro años de los becarios con REACH, como viaje final antes de su graduación. Después de que Agualongo acogiera al grupo de becarios de 2016, estos regresaron a los Estados Unidos impactados por el cariño de la comunidad.  Los valores que REACH defiende se mostraron en el carácter verdadero de la comunidad. Esta experiencia proporcionó el remate final perfecto al desarrollo del estudiante a lo largo de los cuatro años de programa. Como agradecimiento a Agualongo, y en preparación para los dos grupos que llegarían en 2017, el director de REACH, Ken Gates, deseaba devolver algo a la comunidad —financiando un proyecto de trabajo más importante.

Las familias de Agualongo dan la bienvenida a los estudiantes de REACH.

Cuando Tandana le presentó a la comunidad el generoso deseo de colaborar de REACH, y Agualongo tuvo la oportunidad de proponer un proyecto de máxima prioridad, las familias se lanzaron a coordinar la ampliación y reubicación de la cancha. Con la aprobación de la Junta de Orfalea, el trabajo comunitario estaba comenzando. Un proyecto de tal magnitud no solo requiere una inversión de mano de obra (donde Agualongo organizó trabajo comunitario para despejar el área) y del alquiler del material de excavación (donde se invertiría el donativo hecho por REACH); si no que también significa el préstamo de maquinaria municipal, varios estudios sobre el medio ambiente y un proceso comparativo riguroso de las propuestas de los contratistas. En resumen, requiere un compromiso solidario e incentivado de exploración política y apoyo constante.

Moradores de Agualongo trabajan juntos en una minga para despejar el acantilado y el espacio de cancha para la excavación.

Ya sea por la historia de Agualongo, su situación económica, o el todavía patente racismo en Ecuador, Agualongo siempre ha desconfiado de su capacidad para ejercitar estas aptitudes de liderazgo, y por tanto ha dejado incluso de intentarlo. Durante una reunión entre Tandana y Agualongo en febrero, limitado por el coste de más de $500 en hormigón, el director del programa de Tandana propuso al comité comunitario de Agualongo lo siguiente:

“¿Por qué no solicitar una donación de hormigón a la fábrica vecina? Ha estado contaminando vuestra comunidad por más de 50 años; y lo que es más, ya ha designado fondos para mantener una imagen de servicio comunitario y responsabilidad medio ambiental…”

Pero la respuesta inmediata de la comunidad seguía siendo la misma:

“Ya lo hemos intentado. A nadie le importa Agualongo.”

La comunidad ha experimentado por más de 200 años un racismo sistemático. No solo les enseña a los miembros de la comunidad a sentirse invisibles, sino que también insisten repetidamente en que son incapaces de hacerse ver.

Aquí se ve la gran ironía del proyecto de la cancha. Puesto que Agualongo carece de agua durante la estación seca, vive constantemente con derrumbes y permanece de muchas formas en manos de un sistema de Hacienda injusto y anticuado; un socio de fuera podría empujar a los miembros de la comunidad a priorizar un proyecto que tendría mayor impacto que cavar un campo para jugar al fútbol. Pero no se hizo. Agualongo no lo hizo. He asistido a más reuniones comunitarias de las que puedo recordar—cada vez escuchaba una creciente emoción, expresada por gente de diferentes edades y sexos. Que hay que aprovechar esta oportunidad para finalmente mejorar la cancha: no sé si entendí la lógica de su importancia, pero esta idea repetidamente representaba la esperanza más grande de la comunidad y una prioridad unánime.

 Una vez que  Agualongo se enteró de la aprobación del proyecto, la gente empezó a movilizarse como no se les había visto nunca. La junta de la comunidad celebraba reuniones con numerosos contratistas —pensando en el mejor precio y analizando maneras de asegurarse de que el excavador no les timara. Ellos medían y consultaban con varios expertos en la construcción, hacían visitas a la oficina y realizaban pedidos oficiales a la parroquia y los gobiernos municipales, e incluso presionaron al dueño de la Hacienda Perugachi para que donara un pequeño terreno, lo que les permitiría expandir la cancha más lejos hacia la ladera. Finalizaron esta acción organizada con el primer contrato oficial de la comunidad y la propuesta de un proyecto digital.

Agualongo ha soñado a lo grande con esta iniciativa: su actual diseño incluye  una expansión mayor, lo que no solo posibilitará  la creación de la cancha de fútbol, sino también  dos canchas contiguas de vóleibol. Esta incorporación aprovecha toda el área de la ladera que pertenece a Agualongo. Este diseño requiere más financiación y planificación que el proyecto original. Sin embargo, realmente presenta un espacio adecuado para las necesidades de la comunidad a largo plazo. Con tal objetivo,  Agualongo se ha movilizado por primera vez para organizar una reunión privada con la fábrica de cemento UNACEM, con el propósito de pedirles maquinaria y financiación. También ha asistido a la reunión anual sobre presupuesto de la parroquia; y ha invitado al gobernador provincial de Agualongo para explicarle el proyecto y conseguir su apoyo.

Tandana se esfuerza en ayudar a que las comunidades alcancen sus objetivos de desarrollo. Les respetamos como personas que conocen sus propias necesidades. No tenemos intención de cambiar esa filosofía en el caso de la cancha; y por tanto, apoyamos completamente el proyecto. No obstante, debo admitir que dudé de la relevancia de una cancha deportiva, comparado con los otros proyectos que podríamos hacer con la donación de REACH. Sin embargo, esta cancha ha mostrado un valor que nunca imaginé, una valía mayor que el campo mismo o incluso los cientos de recuerdos que sin duda se crearán en su superficie. La comunidad entera trabaja para lograr este objetivo; lo hace porque es muy importante para todos ellos. De hecho, esta cancha requiere mucho más que inversión económica; requiere  largas jornadas de mano de obra física, innumerables reuniones y llamadas telefónicas, y un ciclo de aprendizaje que ha despejado cualquier duda sobre el poder de movilización de la comunidad. El proceso es largo, más largo de lo previsto. Sin embargo, ha tenido éxito. La comunidad tiene un contrato preparado para firmar y ha presentado esta propuesta a multitud de agentes para completar la financiación necesaria para la total excavación. Con este primer contrato, quizás por primera vez,  Agualongo ha creído en su capacidad de organización, empuje, defensa y ha sido capaz de solicitar materiales disponibles pero escondidos burocráticamente. Puede que por primera vez,  Agualongo se esté dando cuenta de que su voz puede—y merece—ser escuchada.  Estas personas no son invisibles.  Tienen el poder de asegurar lo contrario.

En mi opinión, la cancha demuestra que cualquier decisión tomada con el deliberado objetivo de valorar a la gente es siempre más efectiva que una decisión basada solamente en la lógica, la teoría o cualquier otra prioridad bienintencionada. Le agradecemos inmensamente a REACH su apoyo—ya que confiaron en Tandana lo suficiente para respaldar esta visión; y además valoraron ardientemente las necesidades propuestas por la comunidad. Solo debido a las relaciones y respeto existido como máxima prioridad entre todos los participantes—por encima de proyectos personales e individuales en Agualongo, más allá de la priorización “lógica” por parte de Tandana y por encima de la formación de ideas de “alto impacto” por parte de  REACH—Agualongo ahora ejerce su derecho y capacidad de liderazgo. Quizás ninguno de nosotros conocía todo lo que se podía obtener de una cancha de fútbol. Puedo dar fe del hecho de que la comunidad ha logrado más que un estadio. Se conseguirá la necesidad práctica de un lugar seguro para jugar, mientras  la ladera es excavada. Y a la vez esta excavación también está deshaciendo esa duda eterna que injustamente ha paralizado a nuestros amigos por demasiado tiempo.

Te recomiendo que viajes a la zona montañosa de Ecuador, a la pequeña ciudad de Otavalo. Además, te recomiendo que pases tiempo en ella y con la comunidad de Agualongo. Pronto verás una cancha de fútbol preciosa, e incluso podrás jugar un partido con los niños, que estarán correteando y se emocionarán al verte. No te enfades si pierdes contra un niño de siete años; consuélate con la historia de este espacio abierto. Será una cancha sencilla, nada espectacular, ni siquiera césped. Pero estará lleno de pisadas, un ejemplo de fortalecimiento más profundo que la suciedad excavada.

Membres de la communauté Agualongo et bénévoles Tandana jouent sur le cancha.

Par Shannon Cantor

Je vous recommande de voyager dans les hauts plateaux de l’Équateur, jusqu’à la petite ville d’Otavalo. Du terminal – son propre chaos de personnes en mouvement, de voitures et de cris – prenez un vieux bus bleu garé dans la troisième rangée du côté droit, ayant un panneau sur la fenêtre marqué « Quichinche ». Descendez après environ 25 minutes, en atteignant le dernier arrêt. Marchez une demi-heure, montez tout droit, à travers les champs de vaches et la forêt d’eucalyptus. C’est alors que vous parviendrez à la communauté d’Agualongo de Quichinche.

Agualongo est une communauté autochtone de 45 familles, 192 personnes. Elle est formée par une alliance des huasipungos – petites parcelles accordées par la plantation voisine (Hacienda Perugachi) à chaque famille sous son autorité, dans le cadre du système d’ « encomiendas » établi par la conquête espagnole. Les cicatrices de cette sombre histoire sont encore visibles dans la communauté – allant des limitations en eau et en terres fertiles, au nom de famille dominant “Perugachi”, jusqu’à un niveau extrêmement bas de revenu moyen familial et à une forte dépendance de l’agriculture de subsistance. Cependant, malgré la pauvreté palpable et la sujétion à un racisme continu, Agualongo est riche en caractère, en sens de la communauté, en rétention de la culture Kichwa et en connexion au terroir. Les membres de la communauté non seulement conservent cette connaissance approfondie, mais forment également un réseau de familles, ouvertes et affectueuses, qui apprécient le partage de leur richesse. Agualongo a été la première communauté à accepter les volontaires de Tandana dans ses foyers et notre amitié positive n’a fait que se renforcer au cours des dix dernières années de collaboration.

La communauté crée certains de ses liens les plus forts autour de son terrain sportif (« cancha »). Chaque nuit, et toute la journée les week-ends, les membres de la communauté, de tous âges et genres, se rassemblent dans ce champ de poussière situé centralement. Que ce soit pour participer aux jeux de football ou de volley-ball, jouer autour ou vendre des collations aux spectateurs rassemblés, les gens se rassemblent dans cet espace ouvert pour le divertissement et la participation positives de toute la communauté. Cet unique petit terrain est devenu insuffisant pour héberger le nombre de personnes qui s’y rassemblent.  De plus, la seule route d’Agualongo passe directement à travers ce centre. Le trafic non seulement détériore l’état du terrain, mais crée également une situation dangereuse : les enfants jouent au milieu de la route, tandis que le bord du terrain, construit en terre compactée, met trois maisons en danger de glissement de terrain. En raison de l’importance du terrain et des risques liés à son état actuel, la communauté a rêvé pendant des années d’un projet visant à en améliorer la condition.

l’espace cancha actuel et le mur de terre que les membres de la communauté d’Agualongo vont creuser.

Cette opportunité est finalement arrivée en 2017, avec la générosité du programme REACH (Résilience, Éducation, Aventure, Communauté, Santé). En 2016 et 2017, Tandana a eu la possibilité de travailler avec certains d’entre les bénévoles de ce programme de développement de la jeunesse de la Fondation Orfalea. Les quatre années d’études des étudiants auprès de REACH ont culminé avec un voyage en Équateur avec Tandana, leur dernier voyage avant d’être diplômés du programme. Après qu’Agualongo eut accueilli des étudiants de la cohorte de 2016, les REACH-eurs sont retournés aux États Unis sensiblement touchés par la chaleur de la communauté ; les valeurs que REACH représente se sont manifestées dans le caractère authentique de la communauté, et l’expérience a fourni une pierre angulaire idéale pour l’enrichissement des étudiants au long du programme quadriennal. En remerciement à Agualongo et en préparation pour les deux cohortes prévues pour 2017, le directeur de REACH, Ken Gates, souhaitait donner en retour à la communauté en finançant un projet de travail plus important.

Les familles d’Agualongo accueillent les étudiants de REACH dans la communauté.

Lorsque Tandana a présenté à la communauté l’aspiration généreuse de REACH de collaborer, et qu’Agualongo a pu proposer un projet prioritaire, les familles ont bondi pour coordonner l’agrandissement et la relocalisation de la cancha. Mais, avec l’approbation du projet par le conseil d’administration d’Orfalea, le travail de la communauté ne faisait que commencer.  Un projet à une si grande échelle non seulement réclame un investissement en main-d’œuvre (Agualongo ayant organisé des journées de travail communautaires pour dégager la zone) et la location de matériel d’excavation (dans laquelle la donation REACH sera investie), mais implique également l’emprunt de machinerie municipale, diverses études environnementales et un processus comparatif rigoureux des propositions des sous-traitants. En somme, il faut une entreprise unifiée et motivée de navigation politique et de plaidoyer insistant.

La population d’Agualongo travaille ensemble à une journée de travail communautaire pour dégager la falaise et ouvrir l’espace pour l’excavation.

Que ce soit en raison de l’histoire d’Agualongo, de sa situation économique ou de l’ombre palpable du racisme en Équateur, Agualongo a historiquement méconnu sa capacité à exercer ces compétences de plaidoyer et a donc cessé d’essayer. Au cours d’une réunion de Tandana / Agualongo en février, face à un coût de plus de 500 $ en ciment, le gestionnaire de programme de Tandana a proposé au conseil communautaire d’Agualongo :

“Pourquoi ne pas demander à l’usine de ciment voisine de faire don du ciment ? Ils ont pollué votre communauté depuis plus de 50 ans ; encore plus, ils destinent déjà des fonds pour préserver une image de service communautaire et de responsabilité environnementale … “

Mais la réponse immédiate et définitive de la communauté est restée la même :

“Nous avons essayé ce genre de démarches. Personne ne se soucie d’Agualongo. “

La communauté a connu plus de 200 ans de racisme systématique. Ce qui non seulement enseigne aux membres de la communauté à croire qu’ils sont invisibles, mais, aussi et à maintes reprises, souligne leur impuissance à se rendre visibles.

C’est ici qu’apparait la grande ironie du projet de la cancha.  En constatant qu’Agualongo manque d’eau pendant la saison sèche, vit constamment sous la menace de glissements de terrain et reste, à bien des égards, sous la coupe d’un système d’Hacienda désuet et injuste, un partenaire extérieur pourrait pousser les membres de la communauté à accorder la priorité à un projet qui semblerait avoir un impact plus important que celui de creuser un terrain pour jouer au football. Mais nous ne l’avons pas fait. Agualongo, dans son ensemble, ne l’a pas fait. J’ai assisté à plus de réunions communautaires que je ne peux me rappeler, en écoutant chaque fois une agitation croissante, exprimée par le bavardage silencieux en langue Kichwa de tout âge et genre. Saisir cette opportunité pour finalement améliorer la cancha : si j’en ai compris ou non la logique et l’importance, cette idée a constamment représenté le plus grand espoir de la communauté et la priorité unanime.

Lorsqu’Agualongo apprit l’approbation du projet, les gens commencèrent à se mobiliser d’une manière que je n’avais jamais vue. Le conseil communautaire a présidé des réunions avec de nombreux sous-traitants, en pensant au meilleur prix et en analysant les moyens de s’assurer que l’excavatrice ne les arnaque pas. Ils ont mesuré et consulté les nombreux experts de la construction de la communauté, ont effectué des visites aux bureaux et des démarches officielles auprès des gouvernements paroissial et municipal, et ont même fait pression sur le propriétaire de l’Hacienda Perugachi pour obtenir le don d’une parcelle de terre qui leur permettrait d’étendre la cancha encore plus loin dans la montagne. Ils ont conclu cette action organisée par le premier contrat officiel et la première proposition numérique du projet de la communauté.

Agualongo a rêvé en grand de cette initiative : sa conception actuelle comprend un agrandissement encore plus important, ce qui rendra possible non seulement le terrain de football, mais également deux terrains de volleyball adjacents. L’addition profite de la totalité des terres qu’Agualongo possède dans la montagne. Cette conception nécessite davantage de financement et de planification que lors de la projection originale du projet ; néanmoins elle représente réellement un espace adéquat pour les besoins à long terme de la communauté. Avec ce but en tête, Agualongo s’est mobilisée pour la première fois afin d’organiser une réunion privée avec la cimenterie de l’UNACEM afin de solliciter des machines et des fonds, a assisté à la réunion budgétaire annuelle de la paroisse, et a invité le gouverneur provincial à Agualongo pour lui expliquer le projet et obtenir son soutien.

Tandana s’efforce d’aider les communautés à accomplir leurs propres objectifs de développement. Nous les respectons en tant qu’individus qui connaissent leurs propres besoins. Nous n’avions aucune intention de modifier cette philosophie dans le cas de la cancha, et nous avons donc soutenu entièrement le projet. Mais je dois avouer : Je doutais de la pertinence d’un terrain sportif, en comparant tous les autres projets que nous pourrions réaliser avec la donation de REACH. Cependant, cette cancha a démontré une utilité à laquelle je ne m’attendais pas, une importance beaucoup plus grande que le terrain lui-même, ou même que les centaines de mémoires qui se formeront sans aucun doute sur sa surface. La communauté entière travaille à atteindre cet objectif et agit ainsi parce c’est quelque chose d’important pour la communauté dans son ensemble. En fait, cette cancha nécessite beaucoup plus qu’un investissement monétaire ; elle nécessite d’un travail physique pendant des journées entières, d’innombrables réunions et appels téléphoniques, et d’une courbe d’apprentissage qui a brisé tous les doutes ancrés quant au pouvoir de mobilisation de la communauté. Le processus est long, plus long qu’aucun de nous ne prévoyait. Mais il a été couronné de succès ; la communauté a un contrat prêt à signer et a soumis cette proposition à plusieurs acteurs pour compléter le financement nécessaire à l’excavation totale. Avec ce premier contrat, Agualongo a cru, peut-être pour la première fois, en sa capacité à organiser, à pousser, à défendre et à exiger les ressources bureaucratiquement cachées, mais disponibles ; peut-être, pour la première fois, Agualongo se rend compte que sa voix peut être entendue et mérite de l’être.  Ces personnes ne sont pas invisibles. Elles ont le pouvoir d’assurer le contraire.

Quant à moi, la cancha prouve que toute décision prise avec un accent intentionnel sur la valorisation des personnes est toujours plus efficace qu’une décision basée uniquement sur la logique, sur la théorie ou sur toute autre priorité, même bien intentionnée. Nous sommes incroyablement reconnaissants à REACH pour leur soutien : ils ont fait confiance à Tandana pour soutenir cette vision, et même plus, ils ont pleinement apprécié la définition des besoins par la communauté elle-même. Ce n’est que parce que les relations et le respect existaient comme priorité absolue pour toutes les parties impliquées – par-dessus les projets personnels des individus à Agualongo, les priorités « logiques » de Tandana et la conceptualisation d’idées « à fort impact » de REACH – Agualongo exerce son droit et sa capacité à plaidoyer. Peut-être qu’aucun d’entre nous ne savait tout ce qui pouvait être obtenu d’un terrain de football. Mais je peux attester que la communauté gagne beaucoup plus qu’un terrain de jeu. Le besoin pratique d’un espace de récréation sûr sera comblé, à mesure que la montagne sera creusée. Mais l’excavation fragilise également le doute séculaire qui a paralysé injustement nos amis depuis trop longtemps.

Je vous recommande de voyager dans les hauts plateaux de l’Équateur, jusqu’à la petite ville d’Otavalo. Plus que cela, je vous recommande de passer du temps auprès de la communauté d’Agualongo. Vous verrez bientôt un magnifique nouveau terrain de football, et pourrez même jouer une partie avec les enfants qui courront partout, heureux de vous voir. Ne vous découragez pas si vous perdez face à ceux qui ont sept ans ; consolez-vous en apprenant l’histoire de cet endroit. Ce sera un terrain basique, n’ayant rien de chic, pas même du gazon. Mais il sera tapoté par des centaines de traces de pas, un modèle d’autonomisation qui va bien au-delà de la terre creusée.

Meet Yarick: A Scholarship Student Who Is the First in His Family to Attend University

Yarick Santiago Méndez Fuerez

Por Yarick Santiago Méndez Fuerez

Mi nombre es Yarick Santiago Méndez Fuerez. Tengo 21 años. Vivo en la ciudad de Quito por cuestiones del estudio, pero soy de la comunidad de Motilón Chupa, la cual se ubica a 35 Kms. de la ciudad de Otavalo. Mi familia se conforma por tres hijas, tres hijos y mis padres, yo soy el segundo hijo y el primero de la familia que estoy en la universidad. Mi padre trabaja en los terrenos de la comunidad como agricultor, mi madre es ama de casa, solo mi padre ha tenido la oportunidad de entrar a la escuela y terminar el estudio de primaria. Mis hermanos menores todos están estudiando en la escuela y el colegio. Mi hermana mayor quisiera estudiar en la universidad pero lamentablemente no puede debido a nuestra situación económica que no lo permite.

En el pasado mis padres no tenían la posibilidad de apoyarnos en los estudios universitarios, por esta razón solo teníamos que terminar el bachillerato y quedarnos sin continuar con el estudio. Yo soy el primero en la familia que va a estudiar. Estudio en la Universidad San Francisco de Quito. Este sueño de estudiar se logró gracias a que mis padres escucharon hablar de la Fundación Tandana, gracias a esto yo pude aplicar para obtener la beca de esta organización. Desde que recibo una beca de Tandana mi vida ha cambiado razonablemente, ahora tengo más tiempo para dedicarme a estudiar y dedicar menos tiempo al trabajo, entonces mi rendimiento en la universidad es mejor, ahora puedo descansar después de muchas horas de clases. Contar con una ayuda económica sinceramente me motiva mucho para seguir estudiando con mucho desempeño para alcanzar mis sueños con la preparación profesional en el futuro.

Mi deseo es alcanzar mis metas, ya que primero quiero graduarme y después de eso deseo seguir estudiando. En el futuro quisiera aplicar a becas estudiantiles al extranjero, promover el talento humano, y ayudará al progreso económico y desarrollo de la comunidad y del país.

Gracias a la Fundación Tandana podré realizar mis sueños yo quisiera trabajar en una empresa emprendedora, el cual me llevará a tener una idea clara para crear una mini empresa que sea mía.

***Yarick es un estudiante de sobresaliente rendimiento académico, quien ha recibido diferentes premios por sus logros académicos. Para la Fundación Tandana es un gran gusto poder apoyarle durante sus estudios.***

Yarick Santiago Méndez Fuerez

By Yarick Santiago Méndez Fuerez

My name is Yarick Santiago Méndez Fuerez. I am 21 years old. I live in the city of Quito because I am studying there, but I am from the community of Motilón Chupa, which is located 35 Kms from the city of Otavalo. My family consists of three sisters, three brothers and my parents. I am the second child in my family and the first in the family to attend university. My father is a farmer and my mother is a housewife. My father had the opportunity to go to school and finish elementary school. My younger siblings are all attending high school or college. My older sister would like to study at university but unfortunately, she can not because of our economic situation.

In the past, my parents could not afford to send us to university. For this reason, we only finished high school and did not continue studying. I am the first in the family to go to university. I am studying at the San Francisco University in Quito. I achieved my dream of continuing my education thanks to the fact that my parents heard about The Tandana Foundation. Because they heard of Tandana, I was able to apply for a scholarship. Since I received a Tandana scholarship my life has changed considerably. Now I have more time to study and spend less time at work, so I am doing better at university. I can rest after many hours of classes. Having financial aid really motivates me to continue studying to do well at university, so I can achieve my dreams and become a professional in the future.

My desire is to achieve my goals, the first of which is that I want to graduate. After that, I want to continue studying. In the future, I would like to apply for scholarships to study abroad and then learn how to promote human capital and economic development in my community and in my country.

Thanks to The Tandana Foundation, I will be able to pursue my dreams. I would like to work in an entrepreneurial company, which will give me a clear idea of how to start my own small company.

***Yarick is an outstanding student, who has received various awards for his academic achievements. It is a great pleasure for The Tandana Foundation to support him during his studies.***

Yarick Santiago Méndez Fuerez

Par Yarick Santiago Méndez Fuerez

Je m’appelle Yarick Santiago Méndez Fuerez. J’ai 21 ans. Je vis dans la ville de Quito parce que j’y fais mes études, mais je viens de la communauté de Motilón Chupa, située à 35 km de la ville d’Otavalo. Ma famille se compose de trois sœurs, trois frères et de mes parents. Je suis le deuxième né dans ma famille et le premier à aller à l’université. Mon père est agriculteur et ma mère femme au foyer. Mon père a eu la possibilité d’aller à l’école et de compléter l’école primaire. Mes frères et sœurs plus jeunes sont tous au lycée ou au collège. Ma sœur aînée voudrait pouvoir étudier à l’université mais elle ne peut pas compte tenu de notre situation financière.

Par le passé, nos parents n’avaient pas les moyens de nous envoyer à l’université. Pour cette raison, nous avons terminé le lycée et interrompu nos études. Je suis le premier dans ma famille à aller à l’université. J’étudie à l’université de San Francisco à Quito. J’ai réalisé mon rêve de poursuivre mes études grâce au fait que mes parents ont entendu parlé de la Fondation Tandana. Grâce à cela, j’ai fait une demande de bourse. Depuis que je reçois la bourse de Tandana ma vie a changé énormément. Maintenant j’ai plus de temps pour étudier et passe moins de temps à travailler, alors mes notes s’améliorent à l’université. Je peux me reposer après de nombreuses heures de cours. Recevoir cette aide financière me motive pour continuer à étudier pour réussir à l’université, ainsi je peux réaliser mes rêves et devenir un professionnel à l’avenir.

Je souhaite atteindre mes objectifs, et le premier est de sortir diplômé. Ensuite, je veux continuer à étudier. A l’avenir, je voudrais faire des demandes de bourse pour étudier à l’étranger et ainsi apprendre comment promouvoir le capital humain et le développement économique dans ma communauté et mon pays.

Grâce à la Fondation Tandana, je serai en mesure de réaliser mes rêves. J’aimerais travailler dans une entreprise ce qui me donnera une idée claire sur la façon de lancer ma propre petite entreprise.

***Yarick est un excellent étudiant, qui a reçu de nombreuses récompenses pour ses résultats scolaires. C’est un grand plaisir pour la Fondation  Tandana de le soutenir durant ses études.***

Yarick Santiago Méndez Fuerez

Learning by Doing: An Internship with Tandana

Camille (right) with her host aunt, and host mother

By Camille Greenfield

I must say it is hard to pick one moment that best describes my time with Tandana, as a part of the horticultural internship. However, there is one memory in particular that occurred in the first few weeks, which would have a major impact on my future projects.

My host family had quickly picked up on my love of plants/nature in general and proposed to go on a family hike. There was much talk about this walk and on each occasion, it was discussed the time of departure was bumped up and anxiousness was palpable. I believed that with the excitement to go on the walk and slightly longer legs, I would be able to make it.

We left at the crack of dawn, bringing snacks for the journey. We walked up to the next community of Larcacunga, which consisted of an hour-long uphill battle, but be assured this was not technically part of the hike. It was merely a side trip to pick up a few more family members to then continue to the real journey.

This hike took place during the wet season, therefore the path greeted us with sheets of slippery mud, taking one step forward and slipping two steps backward. The further we climbed, the more the environment started to change. The trees grew inwards, leaving a wet and moist environment, perfect for moss to grow. In between moments of catching my breath, I noticed my host mom searching through the roots of a plant. I thought she might have dropped something of value and was looking for it. However, only a few meters further, I saw her searching again in the same type of plant, whispering under her breath “esta tierna” (it is unripe), in disappointment. Later on, I found out she was searching for ripe roots to then “chupar” (suck on). Moments later, having been looking down at my feet, I realized that someone had passed me an orchid bulb. My initial thought was to put this beautiful specimen in my bag for safe keeping. The whole group stopped as I reached for my bag, and explained to me that this was yet again meant to be “chupado” (sucked on).

As we reached the top of the mountain, there was more and more chatter about a certain edible delicious plant, called “mortiños” (blueberries). It seemed that the search for this plant was giving the family stamina to pursue this hike. The way they described the plant’s berries, I was automatically given a boost of energy as well. Upon reaching the top of the mountain covered in moss, it now seemed quite normal that my host uncle would climb a tree and shake down piles of miniature oranges. In seconds, my host aunt screamed out, as she had found bushes and small trees of the famous mortiños. Plastic bags started to appear from nowhere, an essential item that one must always carry in the world of Otavalo. Bags were filled to the brim, and overflowing fruits were then stuffed into each other’s mouths. In moments, laughs and giggles were halted, as the neblina (fog) started to engulf us and it was obvious we would need to get home.

Camille’s host uncle

Soon, we were informed by our master guide, host dad, that the group was lost and with this setting neblina (fog), it was 100% likely we would be drenched by the time we would make it home. We slipped and quite literally slid down the hills, with the moss breaking our falls. Through jungly twines and dead branches we swung ourselves over and under vegetation. Finally, we landed on a path that looked like it might have been previously walked on. And we were back on our tracks to home, drenched all the way through, but with smiles and red stains on our lips and fingers.

At moments where oxygen flowed back to my brain, and I was able to formulate coherent thoughts, my mind started to run wild of how I wanted to learn everything that one could about these wild edible plants. I wanted to also be able to run around mountains and pull on trees and eat their sweet fruits and berries. And so I did. I also did the same with medicinal plants that an untrained eye would see as pesky roadside weeds. My project was set.

Before starting our internships and fellowships, Tandana prepares us by asking volunteers one simple question, what is your goal whilst you are here? There could be a series of answers; creating a close bond with your indigenous host family, learning about the culture, improving your Spanish, etc. My goal was to learn about plants in the area and understand their relationship to the community. Having a horticultural background instead of an agricultural background, it was incredible to go past the different foods that are cultivated from Australia to Ecuador, such as yucas and okas (tuberous potato-like vegetables that are unknown in my country). From there, I started a medicinal and wild edible plant club at Saminay, a progressive school that hopes to be self-sustained with the food cultivated on their land.

La tía anfitriona de Camille, la madre anfitriona de Camille, el padre anfitrión de Camille y el tío anfitrión de Camille

Por Camille Greenfield.

Debo decir que me resulta muy duro escoger el momento que mejor describe el tiempo que pasé con Tandana como parte de mi pasantía en horticultura. Sin embargo, hay un recuerdo en particular, que sucedió en las primeras semanas y que tendría un impacto en mis proyectos futuros.

Mi familia anfitriona enseguida se dio cuenta de mi amor por las plantas y la naturaleza en general, y propuso una excursión de senderismo en familia. Se habló mucho sobre ello y en cada ocasión que conversábamos la hora de salida se adelantaba y se podía palpar el nerviosismo. Pensé que con la emoción de la excursión y mis piernas ligeramente más largas de lo normal, sería capaz de ello.

Salimos al amanecer, con abio para el viaje. Subimos hasta el siguiente pueblo  Larcacunga, que consistía en una lucha de una hora cuesta arriba, pero te puedo asegurar que técnicamente ésta no era parte de nuestra excursión. Era simplemente un trayecto adicional para recoger a otros miembros familiares y así continuar el viaje real.

Esta caminata tuvo lugar durante la temporada lluviosa; por lo tanto, el camino nos recibió con zonas de barro resbaladizo, dando un paso adelante y retrocediendo dos hacia atrás. Cuanto más arriba ascendíamos, más cambiaba el ambiente. Los árboles crecían hacia dentro, dejando un ambiente húmedo y lluvioso. Entre momentos para recuperar el aliento, noté que mi mamá de acogida buscaba algo entre las raíces de una planta. Pensé que se le había caído algo de valor y lo estaba buscando. Sin embargo, unos metros más adelante, la vi buscando de nuevo en el mismo tipo de planta, murmurando decepcionada “está tierna”. Después descubrí que buscaba raíces maduras para así  “chuparlas”. Momentos más tarde, mirándome los pies, me di cuenta de que alguien me había pasado un bulbo de orquídea. Al principio pensé en guardar este espécimen tan precioso en mi bolso. Mientras me lo guardaba todo el grupo se detuvo y me explicó que éste era solo para chuparlo.

Mientras alcanzábamos la cima de la montaña, charlábamos cada vez más sobre cierta planta comestible y deliciosa llamada “mortiño”. Daba la impresión de que la búsqueda de esta planta animaba a la familia a continuar este viaje. La manera en que me describieron los frutos rojos de esta planta, me dio una inyección de energía también a mí. Tras alcanzar la cima cubierta de musgo, parecía normal que mi tío anfitrión trepase a un árbol y sacudiese montones de naranjas pequeñas. En cuestión de segundos, mi tía anfitrión dio un grito, ya que había encontrado arbustos y arbolillos con los famosos mortiños. Empezaron a aparecer bolsas de plástico como por arte de magia, un artículo primordial que uno debe siempre llevar consigo en el mundo de Otavalo. Las bolsas se llenaban hasta rebosar y las frutas sobrantes se ponían en la boca de cada uno de nosotros. Al poco rato, dejamos a un lado las risas y carcajadas ya que la neblina comenzaba a cubrirnos y era obvio que debíamos regresar a casa.

Mortiño

Luego, nuestro experto guía (mi papá anfitrión) nos informó que el grupo estaba perdido y con esta neblina encima de nosotros había un 100% de posibilidad de que para cuando llegáramos a casa estuviéramos empapados. Nos resbalamos y deslizamos, literalmente, con el musgo frenando nuestras caídas. Con el uso de cuerdas y ramas muertas nos movíamos por arriba y abajo de la vegetación. Finalmente, acabamos en un camino que recordábamos haberlo caminado antes y nos puso en la dirección correcta hacia casa, empapados pero sonriendo y con manchas coloradas en nuestros labios y dedos de la mano.

Por momentos, cuando el oxígeno volvía a mi cerebro y podía expresarme coherentemente, mi mente empezó a descontrolarse porque ansiaba aprender todo de una vez sobre las plantas silvestres comestibles. También quería correr por las montañas y arrancar los árboles para comer sus dulces frutas; y así lo hice.  Hice lo mismo con las plantas medicinales que cualquier ojo inexperto vería como maleza de carretera.

Antes de iniciar nuestra pasantía, Tandana nos prepara formulando a los voluntarios una sencilla pregunta: ¿cuál es tu objetivo durante tu estancia? Se podrían responder varias cosas como: crear un vínculo cercano con tu familia anfitriona, aprender una cultura nueva, mejorar tu español etc. Mi objetivo era aprender sobre las plantas de la zona y entender la relación de estas con la comunidad. Al tener conocimientos hortícolas en vez de agrícolas, me pareció increíble ver los diferentes alimentos que se cultivan en Ecuador a diferencia de Australia, por ejemplo las yucas y ocas (tubérculos como papas, desconocidas en mi país). A partir de ahí, inicié un club de plantas medicinales y plantas silvestres comestibles en Saminay, una escuela progresista que confía en autoabastecerse con la comida cultivada en su tierra.

Camille

Par Camille Greenfield.

Je dois indiquer qu’il est difficile de sélectionner un moment qui décrit mieux mon temps avec Tandana, dans le cadre du stage horticole. Cependant, il y a un souvenir en particulier qui a eu lieu dans les premières semaines, qui auraient un impact majeur sur mes projets futurs.

Ma famille d’accueil avait rapidement pris mon amour pour des plantes /nature en général et a proposé de faire une randonnée en famille. Nous avons beaucoup parlé de cette randonnée et nous avons discuté de l’heure de départ en toute occasion. L’emotion était palpable. Je croyais qu’avec l’emotion pour faire de la randonnée et avoir des jambes plus longues, je serais en mesure de faire la randonnée.

Nous sommes partis à l’aube. Nous avons apporté des collations avec nous pour le voyage. Nous nous sommes dirigés vers la prochaine communauté de Larcacunga, une heure de bataille difficile, mais soyez assuré que cela ne faisait pas techniquement partie de la randonnée. C’était simplement un détour pour aller chercher quelques plus membres de la famille puis continuer le voyage réel.

Cette randonnée s’est déroulée pendant la saison humide, donc le chemin nous a accueillis avec des feuilles de boue glissante, prenant un pas vers l’avant et glisser les deux pas en arrière.  Plus nous montions plus l’environnement a commencé à changer. Les arbres ont poussé vers l’intérieur, laissant un environnement humide. C’était parfait pour la croissance de la mousse. Entre les moments de reprise du souffle, j’ai remarqué que ma mère hôte cherchait à travers les racines d’une plante.  J’ai pensé qu’elle pourrait avoir laissé tomber quelque chose de valeur et elle la recherchait. Cependant, à quelques mètres seulement, je l’ai vue chercher à nouveau dans le même type de plante. Elle a chuchoté déçue « está tierna » (elle n’est pas mûre). Plus tard je l’ai trouvée dehors recherchais les racines mûres puis « chupar » (sucer). Des moments plus tard, après avoir regardé vers mes pieds, je me suis rendu compte que quelqu’un m’avait passé une ampoule d’orchidée. Ma première pensée était de mettre ce magnifique spécimen dans mon sac pour le garder. Tout le groupe s’est arrêté pendant que j’ai atteint mon sac et ils m’ont expliqué que la plante devait être « chupado » (sucé).

Ampoule à orchidées

Lorsque nous atteignons le sommet de la montagne, il y avait de plus en plus de bavardage au sujet d’une certaine plante délicieuse comestible appelée « mortiños ». Il semblait que la recherche de cette plante donnait une endurance à la famille pour continuer la randonnée. On m’a donné automatiquement un regain d’énergie quand ils ont décrit les baies de la plante. Au sommet de la montagne couverte de mousse, il semblait tout à fait normal que mon hôte oncle grimpât un arbre et le secoue, de sorte que des tas d’oranges miniatures tombent. En quelques secondes, ma tante hôte a crié, car elle avait trouvé des buissons et de petits arbres des célèbres « mortiños ». Les sacs en plastique ont commencé à apparaître de nulle part, un élément essentiel que l’on doit toujours porter dans le monde d’Otavalo. Les sacs ont été remplis jusqu’au bord et les fruits débordants ont ensuite été remplis dans la bouche de l’autre. Soudainement, des rires et des rires ont été arrêtés alors que le « neblina » (brouillard) a commencé à nous engloutir et il était évident que nous devrions rentrer à la maison.

Bientôt, nous avons été informés par notre guide principal, le père hôte, que le groupe était perdu et avec ce paramètre « neblina » (brouillard), il était 100% probable que nous serions trempés au moment où nous serions à la maison. Nous avons glissé et tout à fait littéralement nous avons glissé dans les collines en raison de la mousse. À travers des ficelles de jungle et des branches mortes, nous nous sommes glissés sur et sous la végétation. Enfin, nous avons atterri sur un chemin qui semblait aurait été auparavant piétiné. Et nous étions de retour chez nous, tous mouillés, mais avec des sourires et des tâches rouges sur nos lèvres et nos doigts.

Au moment où l’oxygène retournait dans mon cerveau et je pouvais formuler des pensées cohérentes, mon esprit a commencé à courir de la façon dont je voulais apprendre tout ce que l’on pouvait parler de ces plantes comestibles sauvages. Je voulais aussi pouvoir courir dans les montagnes, chercher sur les arbres et manger leurs fruits sucrés et leurs baies.  Et ainsi je faisais ça. J’ai également fait de même avec des plantes médicinales qu’un œil non formé verrait de mauvaises herbes en bordure de route. Mon projet a été défini.

Avant de commencer nos stages, Tandana nous prépare en posant aux bénévoles une question simple, quel est votre but pour le temps que vous êtes ici ? Il pourrait y avoir une série de réponses ; pour créer une relation étroite avec votre famille d’accueil indigène, apprendre à connaître la culture, améliorer son espagnol, etc. Mon objectif était de connaître les plantes dans la région et de comprendre leur relation avec la communauté. Ayant un milieu horticole plutôt qu’agricole, il était incroyable de passer les différentes denrées cultivées d’Australie en Equateur, comme les yucas et les okas (légumes tuberculeux inconnus dans mon pays). Alors, j’ai commencé un club de plantes comestibles et sauvages à Saminay, une école progressive qui espère être auto-entretenue avec les aliments cultivés sur leurs terres.

Vue du haut de la randonnée